30 de diciembre de 2009

EN EL ÚLTIMO DÍA




Por:  Luis Fernando Mata

Siempre hay un último día para todo y en todo, gracias a Dios. Porque ¿qué tal si nos quedáramos pegados, como discos rayados, en un recodo del tiempo.

¿Qué ocurriría, si en vez de pasar hoy al siguiente año, nos aferráramos a esta última fecha del calendario?

Para unos, el último día del año es un momento místico, surrealista, como sacado de un cuadro de Salvador Dalí.

Para otros un día como cualquiera, con la misma rutina de todos: plano, seco, sin olor ni sabor alguno, insípido como un huevo sin sal.

Para muchos este 31 será un día de celebración, en tanto que para otros un momento de triste repaso de recuerdos y reflexión.

También será un día para hacerse propósitos: “me tomaré hoy los últimos tragos”, “sólo por hoy romperé la dieta”; “a partir de mañana votaré las tarjetas; pero antes, haré hoy las últimas compras”... bla, bla, bla...

Resumiendo: en un día como este miles disfrutan a sus anchas,  mientras otros se deprimen, aguijoneados por tristes recuerdos y  circunstancias...

O anegados en un mar de pobreza, abandono y soledad.

El que está vacío se siente mal y, por supuesto, anda corriendo detrás de todos, tratando de llenarse de ese “algo” que ni siquiera sabe qué es.

De ahí las preguntas obvias que muchos se hacen hoy: “¿Con quién vas a salir?”, “¿Dónde vas a cenar?”, “¿Habrá buen guaro y bocas?”, “¡Cómo ¿la vas a pasar sola muchacha? 

Las preguntas, a manera de presión social, se dan como si para ser feliz y sentirse bien fuera necesario correr hacia un lugar específico.

¿Qué ideas te han metido en la cabeza? ¿Que si es 31,  a la medianoche tienes que rodearte de ruidosos amigos frente a una mesa llena de licores y comida?

Mira lo que me dice la experiencia:  puedes ser muy feliz ahí donde estás, sin moverte hacia ninguna parte, solamente aprovechando bien lo que tienes y mejorando tu actitud.

Porque no existe un sitio definido, por lujoso y elegante que sea, en donde se concentre la felicidad, toda la felicidad de manera exclusiva.

Para el que ama a Dios no hay ni habrá un último día: todos son el primero de una cadena sin fin que continúa en el Cielo.

Nuestro último día sobre esta Tierra quizá será tan bello como este 31, o como una puesta de sol en el mar en un día de verano.

Por eso hoy, a la medianoche, sin importar que estés solo (o sola),  arma tu tienda, enciende una vela, abre esa botella de vino y come de lo que tengas, con alegría de corazón; luego eleva una plegaria y da gracias al SEÑOR. ¡Salud!

1 comentario:

Adriana dijo...

Excelente sin importar el lugar o el momento la compañía perfecta siempre será Dios.