23 de octubre de 2011

LA ORACIÓN GUERRERA

Por:  Luis Fernando Mata

Hay dificultades que no se resuelven con una simple oración de fe de un par de minutos.  Existen problemas  que nos obligan a orar, insistir, interceder, pelear, clamar y luchar en el espíritu hasta producir un rompimiento.

La oración guerrera, de lucha espiritual se ha de hacer con toda autoridad, utilizando las armas que Dios recomienda en su Palabra: la Sangre de Cristo, el nombre de Jesús, alabanza, la Palabra, adoración y ayuno, atando con fe las huestes de maldad que se nos oponen (Efesios 6.10).

El ejemplo más impresionante que conozco de oración guerrera, hecha de manera sistemática y persistente hasta producir la rendición del diablo,  es el caso de doña Teresa Marín Azofeifa, a quien llamábamos cariñosamente Doña Tere.


A Doña Tere muchos la conocimos en Escazú por sus cualidades piadosas, su entrega al servicio de los demás y su oído atento a la voz del Señor.

Gran amiga de mamá, doña Tere con frecuencia nos narraba de sus luchas en el espíritu por tal o cual causa.  Yo, a la verdad, la escuché con la atención y el respeto que merecía alguien como ella, conocedora de lo que ignoramos y que deseamos apasionadamente:  orar con fe verdadera.

Para no cansarlos con el cuento.  Un día de tantos, y como si se tratara de algo muy simple, escuché a hurtadillas una conversación -supuestamente privada- en donde doña Tere le confesaba a mamá que ella había orado CUARENTA AÑOS para que su esposo, Ezequías dejara el guaro (licor).

Yo estaba tomando café en ese momento y, aunque no suene muy espiritual, al oír eso me entró un mal de risa en ese momento, que se me atravesó el pan en el gaznate y casi me tienen que hacer viento.

¡CUARENTA AÑOS ORANDO! ¡NO PODIA CREERLO!,  ¡Y para que ese marido testarudo dejara el guaro! ¡No podía ser! ¡Por favor!, ¡Pienso que a esa mujer hubo que darle un premio. ¡Y a ese hombre un coscorrón por majadero!

¡CUARENTA AÑOS ORANDO! ¡Imagine la cantidad de horas! ¿Y de minutos y segundos? ¡Es como para reventarle los circuitos a una calculadora! ¡Con razón don Ezequías ahora no puede ver el guaro ni en anuncios!

¡Y nosotros, que difícilmente oramos cuarenta minutos por alguien!

Siempre debemos orar pidiéndole a Dios que nos muestre una promesa señalada específicamente por la cual luchar en guerra espiritual a favor de una determinada causa como esa, del alcoholismo de don Ezequías.

Para la obtención del milagro hay que agarrarse muy fuerte como doña Tere de las promesas de Dios, contenidas en su Palabra, y empezar a orar de manera insistente, reprendiendo al diablo, y creyendo que ya ha sido dado el cumplimiento.

Recuerdo la madrugada de un día de febrero de 1995. Eran cerca de las cinco de la mañana cuando el retumbo de la voz del Señor me despertó con sobresalto.  Sentía como una desesperación, aquí dentro en mi pecho, lo escuchaba decir con voz de mando: ¡DESPIERTA, PONTE A ORAR YA!

De inmediato me puse de rodillas y empecé a orar, pero en eso me detuve y pregunté: .

Y la voz de Dios me indicó con toda claridad: PONTE A ORAR YA, HAZLO POR LAURA, ¡POR TU HIJA LAURA!

Me detuve de nuevo y repregunté: . Pero no hubo más respuesta que el silencio.
.
Empecé a orar, a clamar por Laura y de repente me encontré ahí, enmedio de una batalla espiritual, atando principados, potestades, desatando ángeles guerreros y cubriendo a mi hija con la Sangre de Cristo.

A las 8 a.m., tres horas después, vino a mi la voz del Señor diciéndome: ESTA BIEN, YA PUEDES DESCANSAR, DEJA DE ORAR.

Yo estaba viviendo solo en mi casa de San Pedro, Laura con su madre en Escazú.  Me puse en pie sin entender qué podría ser la razón por la que Dios me pusiera a interceder de esa manera y por esa niña, que a la sazón contaba con 13 años.

Tres horas después, a las 11 a.m. de ese día, la mamá pidió a Laura y a su hermanito menor, Gabriel, que fueran a comprar algo para el almuerzo a un abastecedor que se encuentra a 100 metros de su casa.

Los muchachos salieron a hacer el mandado y cuando venían de regreso, desde un automóvil blanco, con el motor encendido y estacionado a un lado de la calle, un hombre le dijo a Laura:

Cuando Laura y su hermanito se acercaron al vehículo, el hombre abrió rapidamente la puerta y trató de meterla dentro del carro.

Lo que ocurrió en ese momento lo cuenta Laura así: «en ese momento Gabriel salió corriendo hacia la casa y me encontré forcejeando con ese hombre; pero, de repente, sentí dentro de mi una fuerza terrible y sin saber cómo pude zafarme de las manos del tipo, patearle la puerta y correr a una velocidad que no imaginaba podía desarrollar».

Moraleja: El camino a una respuesta positiva está en la oración persistente y no hay otro camino.

1 comentario:

Anónimo dijo...

!!!!Qué increíble pero cierto. Aveces no sabemos escuchar la voz de Dios porque muchas veces he sentido que debo orar a las 3 de la mañana y simplemente sigo durmiendo. Quién sabe de cuantas cosas me he perdido por desobediente. A Dios rogando y con el maso dando así es, una por otra. Dios nos da la libertad de pedir lo que queramos pero no lo hacemos. Gran lección :)