El escándalo sirve hoy, más que nunca, de combustible al sensacionalismo, tendencia periodística que busca producir una fuerte emoción o impresión, con noticias controversiales de sucesos y revelaciones de alcoba.
Nada como un “escándalo” para agitar las sensibles aguas de la opinión pública, a favor o en contra de alguien o de algo. Y cuando el hecho o la conducta escandalosa se descubren, es el periodismo el medio difusor obvio de la situación curiosa, que atrae la atención de una mayoría.




